sábado, 4 de octubre de 2008

Mèxic !!!


Recital a l'Albricias (i III)

He intentado demostrar que no tenemos derecho a utilizar la palabra teoría: para un científico o para cualquier persona esta palabra significa dos cosas: que existe un experimento crucial –experimentum crucis– y que su refutación es posible. Y eso no puede ocurrir en las Humanidades: ninguna autoridad en el mundo, ningún consenso a través del tiempo, ninguna votación de millones de lectores puede rebatir el juicio de Tolstoi cuando sentencia que el Lear de Shakespeare es un enredo infantil o el de Wittgenstein cuando dictamina que Shakespeare sólo puede crear nubes de lenguaje y ninguna persona viva. No podemos refutar los grandes juicios del pasado ni impugnar un juicio estético, por ofensivo que nos parezca. Sólo podemos decir que todos los demás afirman que Shakespeare es magistral, lo que en estricto sentido nada prueba. (enfadat) Y más inteligentes que Tolstoi y Wittgenstein no somos.

Del poema de Gorostiza se desprende que la existencia no puede fijarse positivamente, entre otros motivos, porque está en constante cambio debido a su tránsito hacia la muerte. Quizá la poesía sea la herramienta más adecuada para iluminar algunas constantes del ser de la existencia, entre otras causas, por su desarraigo de la lógica y porque el poeta opera con un lenguaje que le sirve para relacionarse con el mundo y que trasciende su propio ser individual.

Recital a l'Albricias (II)

En el pasado, el humanista podía confiar en las palabras y en su significado. El lenguaje no era – como hoy - un juego absurdo, una invención relativista individual, reinventada a cada momento como en la deconstrucción pura del posmodernismo.

Me acerco al poema de Gorostiza por la convicción de que la poesía surge de un impulso no totalmente consciente, y así puede tratar problemas filosóficos sin las cadenas del pensamiento lógico, más allá de las reglas que impone la especulación de la ratio que investiga, que persigue el saber.

¿Qué significa decir que nuestros estudiantes están investigando en el campo de las Humanidades? Escribir el dosmilésimo ensayo afirmando que Keats es un buen poeta no es investigación, es banalidad absoluta. Fruto de una delirante prisa por publicar, los periódicos proliferan más allá de la capacidad de cualquiera para leerlos. A nadie le importa la calidad, lo que cuenta es el número de artículos mediante los cuales se puede o no sobrevivir en la carrera académica.

Una de las virtudes del poema es que permite soñar que el mundo, tal y como ha sido creado, no tenía porqué ser así. La Sabiduría que habla en Muerte sin fin aconseja a Dios, en el instante anterior a pronunciar el Verbo, que no encienda su voz. ¿Y no es esto lo que desea el hombre cuando percibe la crueldad del mundo? Quizás por cobardía, soñamos con la inexistencia de algo que nos parece demasiado absurdo, a saber: que Dios haya creado este mundo.

Un ejemplo paradójico: el recién egresado matemático David Wilde demostró el último teorema de Fermat, uno de los más encumbrados del pensamiento. Necesitó siete años de reflexión, una pluma y un papel. Un mes después, en el quinto juego entre Kasparov y la caja de metal Deep Blue, el hombre ofreció una jugada de sacrificio, bastante clásica; la máquina tardó dos minutos –que en tiempo humano equivale a alrededor de ciento diez años– y respondió con una jugada que Kasparov no podía entender, y que lo llevó a escribir en sus notas: “No está calculando, está pensando”. Kasparov perdió y sufrió una crisis nerviosa. Cuando comenté el suceso con mis colegas en Cambridge, ellos me previnieron: (mirada) Ten mucho cuidado. “¿Cómo sabes que pensar no es calcular?”

Muerte sin fin encuentra aquí una clave de la condición humana: no la incomprensión ante el absurdo del terror, sino la esperanza de que este mundo podía no haber sido así. Pobre consuelo, esperanza irracional, ante <> que encontramos en el mundo.

Pero atento a la siguiente estadística: en la historia de la raza humana, de todos los hombres y mujeres a quienes podemos llamar científicos, el 96% están vivos. En otras palabras: hoy la lucidez, la creatividad y la inventiva humana están del lado de las ciencias.

No he pretendido hacer un nuevo análisis de Muerte sin fin, ni buscar nuevos secretos que el poema pueda esconder, sino llamar la atención sobre las estrechas relaciones entre cierta literatura y cierta filosofía, cuyas producciones ayudan al ser humano a entenderse en este mundo. Y realmente me parece mucho más provechoso tratar de buscar los lazos entre las producciones culturales y la existencia, a llenar hojas para especialistas que no hacen más que alejar las palabras de los hombres, de sus actos.

Recital a l'Albricias (I)

Hoy, cuando hablamos de las Humanidades, ya no sabemos de qué estamos hablando. [...] Sin duda las matemáticas han ido conquistando el terreno de las Humanidades. [...] La frase trabajar en las Humanidades se halla casi en total confusión. Por añadidura ni en Europa Occidental ni en buena parte de los Estados Unidos existen perspectivas de empleo para los egresados de las facultades de literatura, filosofía o artes. Simplemente no hay evidencia de que algunas de estas áreas, tal como las conocemos, vayan a sobrevivir.


En 1939 se publica en México Muerte sin fin, de José Gorostiza (nacido en 1901 y muerto en 1973). Se trata de un poema largo ante el cual los críticos se han dividido en dos posturas: los que le dan un significado único, de carácter filosófico, y los que creen que el poema ofrece una multiplicidad de significados. El poema de Gorostiza se ha visto como un catalizador del malestar en la Europa de entreguerras, a través del cual ilumina algo de las estructuras trascendentes del hombre y del mundo. Es un momento crucial de la autoconciencia del hombre y del replanteamiento de su relación con el mundo. Un momento en el que los grandes ideales de progreso, razón y libertad de la Ilustración ya han caído en la teoría y en la práctica.

Por ejemplo, al descubrimiento de la química de la conciencia Francis Crick le llama el Santo Grial de toda ciencia. Crick se atrevería a decirnos que cuando pronunciamos la palabra “yo” es gracias a cierta composición de carbón y azúcar.

Un mexicano escribiendo un extenso y manicurado poema en medio del drama humano del siglo y conviviendo con la agonía de su madre agonizante.

Hombres de enorme inteligencia consideraron que el arte, la literatura, la música, la historia y la filosofía mejorarían la conducta humana. Si amas esas disciplinas, lees los grandes textos, escuchas las grandes composiciones, si aprendes a amar el gran arte serás un ser humano más humano. Hoy sabemos que aquello fue un error. Sabemos que los gritos de los hombres, mujeres y niños que morían de sed dentro de los vagones en la estación de Munich, camino a Dachau, podían escucharse en la sala de conciertos donde Walter Gieseking interpretaba sus famosos recitales de Debussy. Gieseking no dejó de tocar, el público no abandonó la sala.

De acuerdo, aunque la poesía, y por extensión toda producción cultural, no sirva para hacer mejor al hombre – en sentido moral -, sí es una herramienta con la que escudriñarse, buscarse, y lograr ver algo de lo que por ningún otro acto de conocimiento se podría ver: « […] aquello que está más allá», asegura Gorostiza. Nuestro poeta no dudó en otorgar este poder a la poesía al afirmar: «la poesía, para mí, es una investigación de ciertas esencias – el amor, la vida, la muerte, Dios – que se produce en un esfuerzo por quebrantar el lenguaje de tal manera que, haciéndolo más transparente, se pueda ver a través de él dentro de esas esencias.». Esto en el sentido de que mediante el trabajo que la poesía hace sobre el lenguaje, el hombre puede situarse en el mundo, ejerciendo su posibilidad de existir siendo lo que es. (A públic i professor) ¿Cómo? En el acto del poeta de nombrar las cosas en lo que ellas son.

miércoles, 9 de enero de 2008

La vida no és somni

La vida es un gran teatre, va dir el millor dramaturg de la història, i avui ho repetia Benet i Jornet per la radio: “un vuitanta per cent dolor i un vint per cent felicitat”, precisava el dramaturg català. Benet i Jornet feia l'equació següent: el teatre és representació, tots mentim constantment, per tant, la vida és representació. Si tots mentim, potser ja no menteix ningú. Tots mentim o tots hem dit alguna mentida o ens estalviem de dir tota la veritat? Per què no és pas el mateix. És més, en el cas de que mentíssim tant, ens acabaríem mentin a nosaltres mateixos, i ja sabem que qui es menteix molt a sí mateix s'acaba creient la seva pròpia mentida.

La vida pot contenir molt dolor i molt plaer i molts moments que no siguin ni una cosa ni l'altre. I realment, mentre els vivim, què són? En el mateix moment de viure, és cert que poden anar acompanyats d'una sensació agradable o desagradable, però no seran drama ni comèdia més que quan siguin recordats.

La vida no és teatre, no l'ha pensada ningú i, el que és més greu, no té cap direcció; el principi i la fi no tenen cap sentit, en té tot el que hi ha entremig, perquè no es neix ni es mor per res, la vida sembla que s'ha d'omplir amb el que hi posem. És pot fer un teatre que imiti a la vida, sense argument per exemple; o es poden fer escenes hiperrealistes que busquin mostrar vida i no afectar d'aquesta o d'aquella manera a l'espectador. Però si la nostra vida ha d'imitar el teatre, què serà aleshores el teatre? Si instaurem la mentida com a condició necessària quin mal argument no estarem fent de la nostra existència?

El dolor i el plaer no ocorren realment quan es donen al teatre, sabem que a la vida sí.