En algún lugar leí que la cultura es el ejercicio del hombre que le permite verse a sí mismo. Lo estético está libre de las convenciones de la ciencia y, aunque muchas veces no pretenda investigar al ser humano ni su situación, muestra resquicios de nosotros mismos que las estructuras positivistas son incapaces de apresar. Si pensamos, por caso, en el análisis de la psique humana creo que encontramos un buen ejemplo comparando la obra de Flaubert con la de Freud: ambos, por caminos quizá no tan distintos, lograron profundizar en la psicología del hombre.
En un libro llamado Psicoanálisis de la divinidad decía el autor que la religión y la ciencia nacen del mismo impulso; del mismo miedo ante una naturaleza que supera al hombre por infalible, misteriosa y despiadada. Creo sinceramente que, al menos desde el siglo XV, lo que llamamos arte también surge de esa búsqueda de comprensión de la naturaleza. Y la naturaleza nos incluye también a nosotros, a ese animal raro que se ha definido como animal social, animal racional, animal con capacidad de lenguaje, animal que crea su propio entorno, ... Pero sobre todo somos ese animal capaz de reflexionar, de flexionarse sobre sí mismo y tratar de entenderse. Y esta actividad no la desarrollan sólo la ciencia positiva y la filosofía, sino también lo estético. Pues estamos acostumbrados a emparejar lo estético con lo ficcional y, así, separarlo de lo “real”. ¿Acaso la ficción no nace, por contraste, deformación o exageración, de la realidad que nos rodea? Esto me parece muy cierto si pensamos que la epistemología admite que la subjetividad del hombre participa en la creación de lo que llamamos real. Por eso me parece igual de realista Madame Bovary que Pedro Páramo. No se trata de relativismo, sino de aceptar que conocemos el mundo que podemos conocer, ya que lo posible viene dado por el entorno cultural en el que nos movemos. Aquí es donde juega un papel trascendental el arte, ya que es capaz de situar al hombre más allá de sí mismo, y es capaz de mostrárnoslo desde puntos de vista no convencionales. Y desde que el artista puede crear libremente – dialogando con la tradición como más le apetezca – es cada vez más capaz de estirar los límites que impone la realidad empírica. Con el arte podemos romper el “hasta aquí” que los reaccionarios y los fundamentalistas pretenden imponer a cada paso.
Y a pesar de que las aspiraciones sociales del arte han sufrido duros golpes a lo largo del siglo veinte, no por eso vamos a dejar de confiar en que “la poesía es un arma cargada de futuro”. Mientras las artes plásticas y visuales agudicen y mejoren nuestros sentidos, mientras la poesía nos dé palabras nuevas y encuentre nuevas relaciones entre ellas, y mientras la música siga siendo el idioma universal, habrá motivos para interesarse por eso que parece que hemos inventado de manera desinteresada.

1 comentario:
chapeau!
:)
(i vaig a mirar-me els altres, que tant pensar que no actualitzes mai i va i em trobo 3 textos nous!)
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