sábado, 4 de octubre de 2008
Recital a l'Albricias (i III)
He intentado demostrar que no tenemos derecho a utilizar la palabra teoría: para un científico o para cualquier persona esta palabra significa dos cosas: que existe un experimento crucial –experimentum crucis– y que su refutación es posible. Y eso no puede ocurrir en las Humanidades: ninguna autoridad en el mundo, ningún consenso a través del tiempo, ninguna votación de millones de lectores puede rebatir el juicio de Tolstoi cuando sentencia que el Lear de Shakespeare es un enredo infantil o el de Wittgenstein cuando dictamina que Shakespeare sólo puede crear nubes de lenguaje y ninguna persona viva. No podemos refutar los grandes juicios del pasado ni impugnar un juicio estético, por ofensivo que nos parezca. Sólo podemos decir que todos los demás afirman que Shakespeare es magistral, lo que en estricto sentido nada prueba. (enfadat) Y más inteligentes que Tolstoi y Wittgenstein no somos.
Del poema de Gorostiza se desprende que la existencia no puede fijarse positivamente, entre otros motivos, porque está en constante cambio debido a su tránsito hacia la muerte. Quizá la poesía sea la herramienta más adecuada para iluminar algunas constantes del ser de la existencia, entre otras causas, por su desarraigo de la lógica y porque el poeta opera con un lenguaje que le sirve para relacionarse con el mundo y que trasciende su propio ser individual.
Recital a l'Albricias (II)
En el pasado, el humanista podía confiar en las palabras y en su significado. El lenguaje no era – como hoy - un juego absurdo, una invención relativista individual, reinventada a cada momento como en la deconstrucción pura del posmodernismo.
Me acerco al poema de Gorostiza por la convicción de que la poesía surge de un impulso no totalmente consciente, y así puede tratar problemas filosóficos sin las cadenas del pensamiento lógico, más allá de las reglas que impone la especulación de la ratio que investiga, que persigue el saber.
¿Qué significa decir que nuestros estudiantes están investigando en el campo de las Humanidades? Escribir el dosmilésimo ensayo afirmando que Keats es un buen poeta no es investigación, es banalidad absoluta. Fruto de una delirante prisa por publicar, los periódicos proliferan más allá de la capacidad de cualquiera para leerlos. A nadie le importa la calidad, lo que cuenta es el número de artículos mediante los cuales se puede o no sobrevivir en la carrera académica.
Una de las virtudes del poema es que permite soñar que el mundo, tal y como ha sido creado, no tenía porqué ser así. La Sabiduría que habla en Muerte sin fin aconseja a Dios, en el instante anterior a pronunciar el Verbo, que no encienda su voz. ¿Y no es esto lo que desea el hombre cuando percibe la crueldad del mundo? Quizás por cobardía, soñamos con la inexistencia de algo que nos parece demasiado absurdo, a saber: que Dios haya creado este mundo.
Un ejemplo paradójico: el recién egresado matemático David Wilde demostró el último teorema de Fermat, uno de los más encumbrados del pensamiento. Necesitó siete años de reflexión, una pluma y un papel. Un mes después, en el quinto juego entre Kasparov y la caja de metal Deep Blue, el hombre ofreció una jugada de sacrificio, bastante clásica; la máquina tardó dos minutos –que en tiempo humano equivale a alrededor de ciento diez años– y respondió con una jugada que Kasparov no podía entender, y que lo llevó a escribir en sus notas: “No está calculando, está pensando”. Kasparov perdió y sufrió una crisis nerviosa. Cuando comenté el suceso con mis colegas en Cambridge, ellos me previnieron: (mirada) Ten mucho cuidado. “¿Cómo sabes que pensar no es calcular?”
Muerte sin fin encuentra aquí una clave de la condición humana: no la incomprensión ante el absurdo del terror, sino la esperanza de que este mundo podía no haber sido así. Pobre consuelo, esperanza irracional, ante <
Pero atento a la siguiente estadística: en la historia de la raza humana, de todos los hombres y mujeres a quienes podemos llamar científicos, el 96% están vivos. En otras palabras: hoy la lucidez, la creatividad y la inventiva humana están del lado de las ciencias.
No he pretendido hacer un nuevo análisis de Muerte sin fin, ni buscar nuevos secretos que el poema pueda esconder, sino llamar la atención sobre las estrechas relaciones entre cierta literatura y cierta filosofía, cuyas producciones ayudan al ser humano a entenderse en este mundo. Y realmente me parece mucho más provechoso tratar de buscar los lazos entre las producciones culturales y la existencia, a llenar hojas para especialistas que no hacen más que alejar las palabras de los hombres, de sus actos.
Recital a l'Albricias (I)
Hoy, cuando hablamos de las Humanidades, ya no sabemos de qué estamos hablando. [...] Sin duda las matemáticas han ido conquistando el terreno de las Humanidades. [...] La frase trabajar en las Humanidades se halla casi en total confusión. Por añadidura ni en Europa Occidental ni en buena parte de los Estados Unidos existen perspectivas de empleo para los egresados de las facultades de literatura, filosofía o artes. Simplemente no hay evidencia de que algunas de estas áreas, tal como las conocemos, vayan a sobrevivir.
En 1939 se publica en México Muerte sin fin, de José Gorostiza (nacido en 1901 y muerto en 1973). Se trata de un poema largo ante el cual los críticos se han dividido en dos posturas: los que le dan un significado único, de carácter filosófico, y los que creen que el poema ofrece una multiplicidad de significados. El poema de Gorostiza se ha visto como un catalizador del malestar en la Europa de entreguerras, a través del cual ilumina algo de las estructuras trascendentes del hombre y del mundo. Es un momento crucial de la autoconciencia del hombre y del replanteamiento de su relación con el mundo. Un momento en el que los grandes ideales de progreso, razón y libertad de la Ilustración ya han caído en la teoría y en la práctica.
Por ejemplo, al descubrimiento de la química de la conciencia Francis Crick le llama el Santo Grial de toda ciencia. Crick se atrevería a decirnos que cuando pronunciamos la palabra “yo” es gracias a cierta composición de carbón y azúcar.
Un mexicano escribiendo un extenso y manicurado poema en medio del drama humano del siglo y conviviendo con la agonía de su madre agonizante.
Hombres de enorme inteligencia consideraron que el arte, la literatura, la música, la historia y la filosofía mejorarían la conducta humana. Si amas esas disciplinas, lees los grandes textos, escuchas las grandes composiciones, si aprendes a amar el gran arte serás un ser humano más humano. Hoy sabemos que aquello fue un error. Sabemos que los gritos de los hombres, mujeres y niños que morían de sed dentro de los vagones en la estación de Munich, camino a Dachau, podían escucharse en la sala de conciertos donde Walter Gieseking interpretaba sus famosos recitales de Debussy. Gieseking no dejó de tocar, el público no abandonó la sala.
De acuerdo, aunque la poesía, y por extensión toda producción cultural, no sirva para hacer mejor al hombre – en sentido moral -, sí es una herramienta con la que escudriñarse, buscarse, y lograr ver algo de lo que por ningún otro acto de conocimiento se podría ver: « […] aquello que está más allá», asegura Gorostiza. Nuestro poeta no dudó en otorgar este poder a la poesía al afirmar: «la poesía, para mí, es una investigación de ciertas esencias – el amor, la vida, la muerte, Dios – que se produce en un esfuerzo por quebrantar el lenguaje de tal manera que, haciéndolo más transparente, se pueda ver a través de él dentro de esas esencias.». Esto en el sentido de que mediante el trabajo que la poesía hace sobre el lenguaje, el hombre puede situarse en el mundo, ejerciendo su posibilidad de existir siendo lo que es. (A públic i professor) ¿Cómo? En el acto del poeta de nombrar las cosas en lo que ellas son.
miércoles, 9 de enero de 2008
La vida no és somni
La vida pot contenir molt dolor i molt plaer i molts moments que no siguin ni una cosa ni l'altre. I realment, mentre els vivim, què són? En el mateix moment de viure, és cert que poden anar acompanyats d'una sensació agradable o desagradable, però no seran drama ni comèdia més que quan siguin recordats.
La vida no és teatre, no l'ha pensada ningú i, el que és més greu, no té cap direcció; el principi i la fi no tenen cap sentit, en té tot el que hi ha entremig, perquè no es neix ni es mor per res, la vida sembla que s'ha d'omplir amb el que hi posem. És pot fer un teatre que imiti a la vida, sense argument per exemple; o es poden fer escenes hiperrealistes que busquin mostrar vida i no afectar d'aquesta o d'aquella manera a l'espectador. Però si la nostra vida ha d'imitar el teatre, què serà aleshores el teatre? Si instaurem la mentida com a condició necessària quin mal argument no estarem fent de la nostra existència?
El dolor i el plaer no ocorren realment quan es donen al teatre, sabem que a la vida sí.
martes, 18 de diciembre de 2007
Tu piel
Tu piel pálida como esta página
no es la materia que utiliza tu cuerpo,
no puede ser simple ingrediente de corporeidad.
Tu piel es acto, vida para los ojos que te miran,
un atardecer de luna llena.
(Tu piel es ese duende que nos cocina entre sonrisas).
Cruel y amable, veneno y fuga:
como ángeles caídos
mi ojos beben todo lo que mis manos no pueden.
Puedo reventar en deseos de oso,
fustigarme con las agujas azules del destino;
no importan mis sueños, luce más
la tela de tu piel en cada esquina de mi retina.
¿Qué importa? Ahogaré a cualquiera
que no adore tu piel. Con tu piel
como sangre y seña
pienso fundar un imperio.
miércoles, 14 de noviembre de 2007
Grans accions de la literatura
(...)
Sólo sé que por fin nos hemos encontrado, y que tú eres el príncipe vehemente y yo soy la princesa inclemente.
Roberto Bolaño a Putas asesinas
Rosa eixuta
La sensació que ha de remorejar entre lletra i lletra ha de ser la nostàlgia. La nostàlgia com aquella ràbia infructuosa que produeix la irrecuperabilitat del passat: només s'és un cop. No és aquesta l'emoció més forta?
I per això, un cop més, sentir, saber i commoure's amb el gust de la vida: la tragèdia, el pètal de la rosa que comença a eixutar-se quan encara és al seu lloc. És aquesta la bellesa extrema, el moment en que el pètal comença a perdre volum perquè ja no pot amb l'aigua que li dóna la vida i l'esplendor. (Comencem a marcir-nos quan ja no podem deixar-nos fer per tot allò que ens dóna vida). Naixem per començar a morir, però mentrestant tenim l'oportunitat de viure (de ser record?).
Però aquesta nostàlgia que es nodreix dels estius de sol i platja és només el tòpic d'aquest dolor de la irrecuperabilitat del passat. N'hi ha de més extrems, de més poderosos. Com la senzillesa d'una quotidianitat en que les coses van com han d'anar, sense pensar-s'hi gaire. No és en aquest punt de dolor com un sospir - que només es sent si se li para atenció - el que ens fa venir al cap tot el més joiós de viure?
lunes, 12 de noviembre de 2007
Instant de llucidesa
Perquè sempre anem tirant - com arbres impodables - i poques vegades ens atrevim a mirar-nos des del demà. Què si hi ha Déu és justament aquest: ets tu, demà. No seràs omnipotent, ni omnipresent, ni absolut, ni origen, final o eternitat, seràs l'emblema d'una joia cinsellada pel feix de dies amuntegats al gran buit de la vida. La vida que és l'únic que no pot fallar si mai hi ha d'haver vida humana, tresor i esperança. Vida o existència, batecs humans que ballen amb el temps al ritme que els hi marca la consciència.
- I així... encara vols donar-li un sentit a la vida?
- Ningú vol morir en va.
- Potser veig per on vas... Però, en va per a qui? Per a un mateix o per als altres? Per què tu puguis recordar-te mentre t'acaricies el rostre? O per què els teus puguin fer el mateix?
- O perquè algún despistat pugui topar-se amb alguna cosa que ha necessitat (o s'ha servit) de la meva vida per esdevenir. Alguna acció que roman en potència de fer-se present aquí o allà, per a tu i aquell i l'altre que no escolta.
- Je... Dir ni que sigui una cosa, oi? Només una coseta. Creus que es pot suplicar això d'èsser sorra de l'univers?
lunes, 1 de octubre de 2007
Sobre cultura
En algún lugar leí que la cultura es el ejercicio del hombre que le permite verse a sí mismo. Lo estético está libre de las convenciones de la ciencia y, aunque muchas veces no pretenda investigar al ser humano ni su situación, muestra resquicios de nosotros mismos que las estructuras positivistas son incapaces de apresar. Si pensamos, por caso, en el análisis de la psique humana creo que encontramos un buen ejemplo comparando la obra de Flaubert con la de Freud: ambos, por caminos quizá no tan distintos, lograron profundizar en la psicología del hombre.
En un libro llamado Psicoanálisis de la divinidad decía el autor que la religión y la ciencia nacen del mismo impulso; del mismo miedo ante una naturaleza que supera al hombre por infalible, misteriosa y despiadada. Creo sinceramente que, al menos desde el siglo XV, lo que llamamos arte también surge de esa búsqueda de comprensión de la naturaleza. Y la naturaleza nos incluye también a nosotros, a ese animal raro que se ha definido como animal social, animal racional, animal con capacidad de lenguaje, animal que crea su propio entorno, ... Pero sobre todo somos ese animal capaz de reflexionar, de flexionarse sobre sí mismo y tratar de entenderse. Y esta actividad no la desarrollan sólo la ciencia positiva y la filosofía, sino también lo estético. Pues estamos acostumbrados a emparejar lo estético con lo ficcional y, así, separarlo de lo “real”. ¿Acaso la ficción no nace, por contraste, deformación o exageración, de la realidad que nos rodea? Esto me parece muy cierto si pensamos que la epistemología admite que la subjetividad del hombre participa en la creación de lo que llamamos real. Por eso me parece igual de realista Madame Bovary que Pedro Páramo. No se trata de relativismo, sino de aceptar que conocemos el mundo que podemos conocer, ya que lo posible viene dado por el entorno cultural en el que nos movemos. Aquí es donde juega un papel trascendental el arte, ya que es capaz de situar al hombre más allá de sí mismo, y es capaz de mostrárnoslo desde puntos de vista no convencionales. Y desde que el artista puede crear libremente – dialogando con la tradición como más le apetezca – es cada vez más capaz de estirar los límites que impone la realidad empírica. Con el arte podemos romper el “hasta aquí” que los reaccionarios y los fundamentalistas pretenden imponer a cada paso.
Y a pesar de que las aspiraciones sociales del arte han sufrido duros golpes a lo largo del siglo veinte, no por eso vamos a dejar de confiar en que “la poesía es un arma cargada de futuro”. Mientras las artes plásticas y visuales agudicen y mejoren nuestros sentidos, mientras la poesía nos dé palabras nuevas y encuentre nuevas relaciones entre ellas, y mientras la música siga siendo el idioma universal, habrá motivos para interesarse por eso que parece que hemos inventado de manera desinteresada.
domingo, 29 de julio de 2007
Fiesta mayor
Mi compañero de viaje y yo nos movíamos por allí, contemplando, seguramente más quietos y menos ágiles de lo que imaginábamos: totalmente despreocupados de esa horrible mano negra que oprime los hombros bajo el falso nombre de Dignidad. Al fin y al cabo ya habíamos cruzado ese momento a partir del cual nuestra astucia sólo debía medirse con la barra, a la que pudimos – a lo largo de la noche – irnos acercando con logrado disimulo. Desde ese hogar pudimos pasarnos la noche retando la morfoseante construcción del mundo. Las manos sujetando el balanceo de los pies que oían otra música, muy distinta a la que sonaba tan lejana a los corazones ahí presentes. Por momentos la conciencia recuperaba aliento ocupándose en analizar los detalles de las botellas (a un lado) o lo que era lo mismo, los individuos (al otro). Verticales sobre la horizontal de la tierra se ocupaban en alejarnos de aquel desierto que aún no alcanzábamos a soñar.
La tierra firme no parecía tener la intención de aparecer en ningún momento, así que sin carta alguna encontramos, detrás del brazo que nos servía los vasos, a quien sería mi Osa Mayor. En seguida tristeza, pues los árboles crecemos mal con el mar, esto iba a dificultar nuestra ascensión hacía las estrellas. Y nos vimos allí –mi amigo y yo, su aliento y el mío- teniendo que sujetar nuestras composiciones en formas más o menos aceptables. Así había transcurrido la noche y pensábamos en nublarla aún más, sin embargo la inesperada luz estelar parecía querer descubrirnos otros rincones de la sensibilidad. La realidad, puesto que había llegado el momento de reflexionar, se estaba endureciendo: nadie podía esperar encontrarse aquella noche con fuego tan radiante.
Nos alejamos a incorporar en nosotros algo de humo, fuera del bullicio, cerca de la calma de gentes más reposadas. Allí fue posible sentir con más ternura las apacibles verdades de la noche. Pero el aliento no duró y nos encontramos sentados, con la sangre en reposo provocando un exceso de pathos que complicó los silencios y desfiguró la horizontalidad de la tierra. Quisimos volver al ambiente: un triángulo de gente entre el bar, el mar y los músicos, mejor no hablar de ellos (a veces un poeta puede convertirse en un poema, sin embargo nada parecido hubiera podido pasar aquella noche). Antes de que lográramos irnos, mientras aún nos alzábamos y sentábamos, tambaleantes, vinieron unas chicas. Bocas parlantes que parecían irse ya cuando venían, pidieron algo, dos besos horribles como lo son siempre, y se perdieron con su tesoro. Nos lo robaron todo y al andar dos pasos más ya las habíamos olvidado como parte del bullicio.
Entramos en la espesura de gente, cabezas limitadas a cambios de impresiones, hasta imantarnos a la barra y sentir todo el frío de sus hielos en nuestras manos. Sí, ya lo había anunciado mi inseparable Tristeza, se estaba esparciendo el calor de sus miradas que pudieran arropar un camino iluminado. Pero como aún seguían temblándome bastante las piernas, fui a darle las mejores palabras de las que era capaz. Me vino a la mente el misterio – no sé porqué – y la literatura, por un cuento de José Mª Merino, La locura de J.L.B., que palpa las relaciones esenciales entre la imaginación y la vida del ser humano en la tierra. De ella no obtuve más que el cambio y, esta vez, enseguida otro cliente. Sintiendo toda la humedad del naufragio y ante la seguridad (no empírica señor H, es cierto) de que aparecería otra vez el Sol, fijé la mirada en la tremenda oscuridad del cielo y palpé el descalabro cósmico que reinaba en mi pensamiento: no había hilo alguno, sólo ráfagas centelleantes de nuevas ideas que no esperaban su turno para imponerse en un primer plano demasiado débil.
Especialmente borrachos, nuestro pecho empezó a imantarse esta vez a la cama, pero aún no había posibilidad de dormir, pues el sueño persistía ahora más que nunca, con la crudeza de lo inalcanzable. Un sueño jamás puede sumarse a otro sin que acaben siendo una unidad en la que no vence más que el dormir. Y no, la estrella no se había apagado, pero el tedio ya la hacía una diana inalcanzable, en el acto de desear cumplia perfectamente su función.
jueves, 3 de mayo de 2007
Grans accions de la literatura
Miguel Ángel Asturias a El Señor Presidente
3 de maig de 2007
Sí, és una possibilitat, ens prenen el pèl. Hi ha tantes coses en les que el marge d'error fa que s'ens enganyi impunement que és per no riure. Ens hauriem de respectar més: ni l'art pot ser qualsevol cosa, ni hem de poder votar tots. Com podem refiar-nos d'una societat que no posa multes a la gent que es menja un croissant fent un ús totalment insà de la forquilla i el ganivet? No n'hi ha prou amb l'estadística per acceptar quelcom com a normal.
Tot allò que acceptem a desgrat i, el que és pitjor, fent veure que tampoc té tanta importància, ens corca per dins. No podem admetre tantes vaguetats. Si jo no en tinc ni idea del que passa realment a la vida política de la meva regió no entenc perquè se m'ha de deixar votar, això genera una quantitat indecent de vots malformadors. Primer se'ns deixa votar a tots i després ens volem creure que els ciutadans no poden tenir més participació política. Pago els meus impostos, les meves multes, treballo més del necessari, visc en un forat encabut a una ciutat inhumana i em considero un demòcrata. És massa.
El mateix passa amb les degeneracions aburridissimes i plenes de pretencions artístiques que se'ns improposen com a cultura. I no em refereixo a La catedral del mar, no, això ja ho sabem que no és més que un èxit de vendes. El que m'irrita és anar a un d'aquests espais que la ciutat té destinats, suposadament, a la cultura – és més, no ens enganyem, a la cultura elitista – i trobar-me una colla de ganapies amb els que m'he de sentir distret si són capaços d'arrancar-me un somriure; i tot perquè porten mitja hora avorrint-me, sóc català, i no vull sentir que he tirat els diners. Però ho perdono, no m'aixeco a mitja obra i els hi pregunto si és una broma per marxar afirmant que no en té cap, de gràcia. No, claudico, arronso el cap i reso perquè el Partit Popular no torni a guanyar les eleccions.
Ja ho sabem, ara, per fi, que al segle XX l'art ha passat per un moment d'histerisme descontrolat en el que ha volgut provar-ho tot desesperadament (tanta consciència històrica al segle XIX ens ha posat massa nerviosos). Ja ho sabem que quan són uns pocs els que acaparen el poder polític acaben per tenir el mal costum d'apropiar-se d'allò que no hauria de ser de ningú i d'allò que és d'algú altre. Potser no caldrà fer una revolució, potser n'hi haurà prou amb fugir de l'aburriment i amb fer preguntes malintencionades als que estan a punt de dipositar el seu vot.
martes, 24 de abril de 2007
Déu, mort, llibertat i d'altres tupinades
L’home pot tendir, en l’aspiració de la seva voluntat, a l’absolut. Explicar-s'ho tot, viure-ho tot; no per provar la vida sinó per fer-la seva. Alé d'impossible davant la fuga desesperant del que existeix.
Sense Déu - un que vulgui otorgar-nos a tots la gràcia de creure-hi -, l’home mateix pot atribuïr-se algunes de les característiques divines, l’home mateix s’ha de posar al nivell de l’eternitat. Si la història no s'ofega en mars de sang és per alguns actes salvadors: una acció de qualsevol, reconeguda o no per la resta de la humanitat, pot donar aire als que segueixen venint.
Vivint per renovar-se cada dia amb noves possibilitats no hi ha lloc per a preguntar-se què fem aquí, no és que s’amagui la pregunta, al contrari, es respon amb cada nova aspiració. Perquè preguntar-se pel sentit de la vida, per Déu, la mort o la propia llibertat és sempre una i la mateixa pregunta. És la teorització en resposta a la frustració en l’acte.
martes, 3 de abril de 2007
La cultura de las piedras
¿El suelo es de piedra? ¿Son piedras todo lo que pisamos? La Tierra no está compuesta de piedras, parece que no es una roca esférica pues dicen que contiene agua, fuego y algo de historia. Aunque si alguien se parte la cabeza contra el suelo, no dudará en afirmar que lo importante ahí no son las revelaciones históricas.
Se habrá escrito realmente muchísimo sobre lo que vulgarmente acostumbramos a llamar piedras: dándose así controversias, discusiones, descubrimientos sorprendentes y análisis enfermizos; pero sobre lo que nadie podrá dudar es a cerca de la incapacidad natatoria de las piedras. Esta es una particularidad esencial en ellas, la naturaleza no tuvo piedad en este sentido y no dudó en arrebatarles cualquier posibilidad evolutiva hacia el mero flotar. Las piedras, cerradas en sí mismas debido a su ridícula porosidad, no reciben el agua en su seno. Así, se da un rechazo mutuo, aunque el paisaje nos cuenta que son compañeras que pueden llegar a hacer muy buena pareja.
Ese mutuo rechazo es quizá fruto de un amor latente que ni piedras ni agua son capaces de aceptar. Aunque esta última se permita, a lo largo de la historia, algunas caricias, besos o lametazos que, por su pasión e insistencia, van mermando la integridad de las piedras.
¿Dónde está el secreto? Las piedras tampoco andan, ni vuelan, ni hablan, ni aplauden y, claro, tampoco suelen sonrojarse. Porqué, pues, habrían de surcar los mares. Es evidente que, sucumbidos en el ajetreo de la era espacial, no solemos preguntarnos que es lo que hacen las piedras. Las examinamos, les hacemos miles de pruebas y creemos conocerlas, pero las piedras… ¿A qué se dedican? ¿Qué quiere ser una piedra de mayor?
Posando discretamente la mirada en una piedra concreta, admirando toda su ocupación del espacio, conseguimos percibir lo inquietante de esa impasibidad piedril. Parece que algo hacen, uno diría que esperan algo ¿El qué? Algo que nos sitúa en perpetuo débito con ellas. Sí, parece ser, y esto ha sido confirmado por los de arriba, que las piedras rezan por nosotros.
Educació
“Digues-m’ho i ho oblido, ensenya-m‘ho i ho recordo, involucra-m’hi i ho aprenc.”
Benjamin Franklin (s. XVIII)
“Sempre que ensenyis ensenya a dubtar també d’allò que ensenyes.”
José Ortega y Gasset
Relatos: CADA MAR
Mi padre sale cada día a navegar. Con su bergantinejo deriva por la costa de Sancti Petri. En este pueblo andaluz daba clases de Griego y de Literatura, ahora ya hace un año que no puede abrir las puertas del aula. El mar es ya lo único que le queda, si algo hay en esta vida para ese hombre enjuto y devorado por las canas sólo el mar puede dárselo; lo que le quedaba allá está.
La muerte de mi madre lo convirtió en el hombre débil que conocí, el que me preparaba desayuno para princesas y me miraba tomarlo con las cejas caídas sobre una sonrisa exigua. Solíamos pasear para llegar al acantilado donde nos despedimos de sus restos y nos volvíamos con la sal del viento pegada a los cabellos. Los armarios de la cocina estaban semivacíos, como si nos fuéramos a marchar en cualquier momento. Él siempre se iba a dormir muy tarde, se quedaba mirando el mar detrás de la ventana; pero no lloraba.
Una vez oí a unas vecinas hablando de nosotros: decían que había sido un golpe duro para ambos, pero que ahora nos teníamos el uno al otro, que seguro Luis sabría dármelo todo y yo sería una chica muy lista.
Aquel hombre, considerado casi un sabio por los de nuestro pueblo (había estudiado en la capital), idolatraba a su mujer, sentía que nada podría suplirme su amor. Por eso buscó en la literatura el cobijo para dormirme, y en muchos de aquellos muertos de la eternidad hallé los consejos que me fueron apuntalando el paso de los años. Pero mi padre no podía esconder que allí no estaba la voz que me faltaba. Con la fuerza de esa ausencia fue – hasta hace un año – un prolífico autor de relatos (sin duda de esta forma serán explicados sus 15 años de producción por los críticos del futuro).
Me leía todos los días, incluso cuando aprendí cenaba escuchando su voz, plena y dinámica mientras daba vida a esas historias. Algún pedante pensará en la Ilustración y sus ideales, mi padre sólo quería apartarme de la religión. La fe católica manipula la vida de muchos andaluces y él ya había visto a las monjas gorrioneando a mi alrededor, pero no quería atarme: para él era muy importante la voluntad, el desear. Hoy no es capaz de querer nada.
En el mar nunca encontrará lo que busca, las leyes de la vida y la muerte no lo permiten, aun así navega y se deja mecer. Sale del puerto y ya sólo oye las olas y el monólogo del motor. Nunca escoge ir donde siempre llega. Yo lo escucho suspirar al viento, devolver la sal al mar y chillar al infinito caos que se le presenta al cerrar los ojos. Si pudiera no se lo permitiría. Si pudiera me entristecería. Si pudiera también yo lloraría. Pero ya nada puedo hacer, cuando el hado lo decida se lanzará a perder la vida contra las piedras del acantilado que – desde hace un año – lleva un nombre compuesto.
Relatos: GRADOS
Francisco salió a las cinco del restaurante sabiendo que no iban a dejarle volver demasiadas veces. Ya en la calle volteó y pudo comprobar que todavía estaban en la cocina. Empujó otra vez la puerta, lo justo para poder colar su cuerpo en el interior; no quería que sonaran esas campanillas indias que avisaban de la entrada de los clientes y su dinero. Mientras se dirigía hacia detrás de la barra recordó que hoy, siendo miércoles, su hijo mayor no había hecho caja al mediodía; parecía un hombre tan ocupado que no podía atender ni a sus más obsesivas responsabilidades.
Ya sabía cómo hacerlo: agarrar justo el dinero de una mesa máximo de tres personas y, sin dilación, guardarse el ticket correspondiente. Lo hizo con tranquilidad, casi con hábito, y no pudo desaprovechar ese vaso de tubo a medio limpiar. Cogió una botella de güisqui y se sirvió. “La gente es muy escrupulosa, quieren vasos transparentes y van por el mundo eligiendo la marca de lo que beben. Como si eso fuera un acto de libertad, vaya. Todo el mundo parece tener un bouqué de cojones para los vicios: que si este tabaco tiene un punto más cálido al final, que si este rasca menos,…”. Mirando de reojo la puerta de la cocina se sirvió otro trago. “Si todos acaban haciendo humo y quemando papel igual. Eso sí, hay cigarros que hacen cagar y hay otros que hacen cagar todavía más rápido”. Se rió como a escondidas de un maestro, recordando que el remate de esa frase se lo había plantado su amigo Fernando a él y a su madre cuando discutían porque les olió a tabaco al darles dos besos. Tuvieron que empezar a correr para no volver en unas semanas, hasta que pudiera calcular que la mujer había recuperado algo de la paciencia perdida. “Pero con el alcohol, sobretodo con el alcohol de los que saben algo de la vida, el güisqui, qué más da escocés que yanki, con más o menos sabor a madera, más brillante o más pálido y acuoso. Si vas a empezar a distinguir nunca beberás bastante como para saber que las marcas te engañan y que, lo más probable, es que no haya más que un tipo de güisqui. Va, el último, que a Juan no debe faltarle mucho para dejar de magrear a esa cubana y no sería bueno para nuestra relación padre-hijo que me encontrara aquí, en bragas, mientras él se sube los pañales”.
Sacó el ardor del trago por la nariz y se palpó el pantalón para que un bultito de papel le asegurara que tenía el ticket de la mesa. Salió sin ningún sigilo, absorto en el recuerdo de lo desagradables que le habían resultado esos comensales: nunca sentíase nadie yendo de una mesa a otra para atender a los clientes, aún así le dolieron los bruscos silencios de la pareja ante su presencia, entendía que para ellos ese corto lapso de tiempo no contaba. Soportaba a muchos imbéciles a diario y su mujer, cuando le hablaba, no paraba de repetirle lo agradecido que debía estarle a sus hijos. “Sí, que buenos chicos, no han estudiado negocios pero saben cómo hacerlos. Claro… ellos me salvaron el restaurante”. Tosió y se subió el cuello de la chaqueta, había demasiadas nubes para ese sol que empezaba a debilitarse. Francisco lo miró, con cierta empatía y ya mucho más cabreado. “Mujer de dios, cómo estás tan ciega. Nunca me perdonaré haberte jodido así, quizá hubiera sido mejor que acabarás tu misma con tu infelicidad. Alguna vez te amé y no me engaño: sé que si te encerraron fue por las pruebas que utilicé en tu contra durante el divorcio. ¿Cómo iba yo a saber que los médicos están tan locos? No tenía ni idea de que encerraban a la gente por depresión”.
Siguió andando entre edificios y árboles enfermos, procurando no tropezar con los bancos despintados al esquivar a toda aquella gente con prisa. En el absurdo tiempo muerto de los semáforos se rascaba encima de la oreja y miraba tontamente el muñequito rojo del semáforo: el transeúnte por excelencia, que se pone verde de felicidad cuando lo sueltan a andar otra vez. Merodeaba ese destino, pero ya sabía que acabaría paseando por el parque. Por algo así como instinto solía acabar rodeado de césped y parados, ahí le parecía más lógico hacer uso de los bancos, aunque éstos se despidieran de uno desprendiéndose de cachitos de pintura.
* * *
- Ábrelo, a ver si te gusta.
- Sí, no lo sabremos hasta que no lo abras. Cada vez es más difícil saber lo que te gusta.- siempre por la tangente, Rubén utilizaba frases como esta para reprocharle al chico, pero también a sí mismo, lo difícil que se iba haciendo la relación ahora que el chaval empezaba a madurar. Como siempre el trabajo lo tenía agobiado, pero es que el otro casi nunca estaba en casa.
- ¡Qué guapo! Para hacer música con el ordenador. Tengo que instalarlo ya.
- Bueno, pero…
- Sí, hombre, espérate un momento, que tu madre ta preparao una tarta. Aguanta, voy a buscarla.
Se fue a la cocina. Al entrar, como sin darse cuenta, entornó la puerta con el pié. Sonó un ligero golpecito, su mujer lo oyó y levantó las cejas; al instante desatendió esa extrañeza – que empezaba a ser habitual desde hacía unas semanas – y siguió mirando al niño que se le iba del regazo. Rubén tenía el pastel enfrente, se agachó para abrir un armario y sacó una botella con vodka. Mientras buscaba un cuchillo lo bastante impresionante como para cortar una tarta de cumpleaños, destapó la botella que se había encajado entre las piernas. Únicamente un ligero tic en el labio delató la culpa ensombrecida que ardía cada vez que empezaba a sorber alcohol: los dos labios pegados a la boca de la botella y la nuez de la garganta subiendo y bajando para aligerar el tráfico. Archivó la botella y se sacó del bolsillo un pequeño estuche con láminas para refrescar el aliento.
- Ya estoy aquí. Mírala, niño, tu madre te quiere demasiado: mira con que cara te mira.- el chico dejó de leer las instrucciones de instalación por unos momentos.
- Rubén, que ya no es un niño. Que no lo ves Rubén, que se nos hace mayor ¿Y qué vamos a hacer nosotros? Que ya es mayor de edad.
- Bueno, y yo tengo 51. Así que creo que todavía puedo enseñarle un par de cosas. Supongo que este verano volverás a la tienda, ya sabes como se pone… que en vacaciones a todo el mundo le da por apañarse la casa.
- ¿Pero no era que me tocó trabajar porque me habían quedado dos? – el chaval deslizó la frase sin prisas, atento todavía al librito. Sabía que su padre tenía poca memoria, pero aunque hubiera sido verdad, Rubén le habría dicho:
- Necesitarás dinero si vas a estar todo el día por ahí. ¿Cómo piensas invitar a esa amiga tuya…?
- Bueno, suele ser ella la que paga… Pero vendré, aunque espero que este año no me quede ninguna.
El chico se comió un buen pedazo de tarta, sus padres, por el contrario, la probaron simplemente para acompañarlo; ninguno de los dos disfrutaba ya del dulce, sabor que habían dejado atrás junto a otras banderas. El televisor, como siempre, se emocionaba y se apaciguaba en un rincón, solo, hasta que alguien estuviera demasiado cansado para hacer otra cosa que ver la tele.
- Muy buena mamá, no hace falta que la guardes en la nevera porque en un par de días va a desaparecer. Ah, pero… ¿no habéis comido nada? Bueno, pues me corto un pedazo más.- agarró el plato, otra vez espléndido, y se fue a su habitación.
Rubén y su mujer se quedaron sentados en la mesa, esperando a que alguien lanzara ese televisor por la ventana y pudieran oír su silencio y empezaran a tener ganas de saber que les pasaba. Al rato se oyeron los primeros sonidos del programa de música del chaval: notas sueltas y sostenidas largamente, como para afinar un instrumento. Rubén se levantó, y dando pequeños puntapiés a la silla, comprobó que su mujer no salía del letargo. Antes de coger la chaqueta paso su mano, hinchada, por el pelo y el hombro de ella. Sin más, salió de su casa.
En la calle algo estuvo a punto de hacerle subir para echarse otro trago. “¡Maldita sea!”, casi pronunció las palabras, pero el sonido se había quedado atrapado en sus mandíbulas. Todavía le quedaba algo menos de una hora para poder ir a abrir la tienda. Evitando los bares anduvo sin detenerse por nada: esquivando personas y coches, y torciendo a derecha o izquierda cuando algún hombrecillo rojo pretendía hacerle esperar. Las manos en los grandes bolsillos cosidos a ambos lados de la chaqueta desmigajaban trozos de papel humedecido por el contacto con sus dedos. “Las calles no son tan estrechas, no sé porqué todos tenemos que ir golpeándonos. Nadie parece querer una disculpa”. Sin pretenderlo había empezado a andar realmente rápido, pronto se encontró fuera de su barrio y bastante lejos tanto de su casa como de la tienda, que estaba justo en los bajos.
Donde el verde oyó que jugaban al fútbol, con la intención de envidiar un rato aquella actividad entró en el parque.
* * *
Ya hacía tiempo que a Diego el parque no le parecía un espejismo para atenuar el cemento. En el parque Diego no escapaba, moría ahí. Desde años había cedido: aburrido o cansado, pero harto, olvidó lo que había soñado. No quería matarse, el suicidio le parecía un escándalo cansino, prefería respirar su propia muerte día a día. En aquel agujero verde presurizado que le eximía de luchar, se dejaba matar.
Su pasado podía ser cualquiera. Su presente es el alcohol, abierta y sinceramente. Puede ver a Francisco y a Diego y a tantos otros, a los que no conoce pero con los que se ve menos solo. Podría oír las historias de todos y sería extraño que alguna le provocara más que risa y desprecio. “Engañar a la vida con una amante como el alcohol, hay que ser estúpido para buscar tan triste paraíso artificial. Yo te quiero a ti y punto, de ella ya me canse. Demasiados nombres que recordar, formas que mantener, pájaros que cazar, citas que cumplir, deseos que satisfacer, nulidades que emprender,… Ya sentí demasiado. Estamos mayores para morrearnos a escondidas, te sorbo hasta el último beso y punto. Y un día será el último y entonces ya estará”.
miércoles, 28 de febrero de 2007
Grans accions de la literatura
Samuel Beckett a Molloy
lunes, 29 de enero de 2007
México
Contra Epicur
T’equivoques. Quan la mort no hi és els altres ens la poden fer present. El dolor causat per la mort no és sempre fruit de la por que tenim a morir. ¿I els altres? És molt senzill.
