martes, 3 de abril de 2007

La cultura de las piedras

¿El suelo es de piedra? ¿Son piedras todo lo que pisamos? La Tierra no está compuesta de piedras, parece que no es una roca esférica pues dicen que contiene agua, fuego y algo de historia. Aunque si alguien se parte la cabeza contra el suelo, no dudará en afirmar que lo importante ahí no son las revelaciones históricas.

Se habrá escrito realmente muchísimo sobre lo que vulgarmente acostumbramos a llamar piedras: dándose así controversias, discusiones, descubrimientos sorprendentes y análisis enfermizos; pero sobre lo que nadie podrá dudar es a cerca de la incapacidad natatoria de las piedras. Esta es una particularidad esencial en ellas, la naturaleza no tuvo piedad en este sentido y no dudó en arrebatarles cualquier posibilidad evolutiva hacia el mero flotar. Las piedras, cerradas en sí mismas debido a su ridícula porosidad, no reciben el agua en su seno. Así, se da un rechazo mutuo, aunque el paisaje nos cuenta que son compañeras que pueden llegar a hacer muy buena pareja.

Ese mutuo rechazo es quizá fruto de un amor latente que ni piedras ni agua son capaces de aceptar. Aunque esta última se permita, a lo largo de la historia, algunas caricias, besos o lametazos que, por su pasión e insistencia, van mermando la integridad de las piedras.

¿Dónde está el secreto? Las piedras tampoco andan, ni vuelan, ni hablan, ni aplauden y, claro, tampoco suelen sonrojarse. Porqué, pues, habrían de surcar los mares. Es evidente que, sucumbidos en el ajetreo de la era espacial, no solemos preguntarnos que es lo que hacen las piedras. Las examinamos, les hacemos miles de pruebas y creemos conocerlas, pero las piedras… ¿A qué se dedican? ¿Qué quiere ser una piedra de mayor?

Posando discretamente la mirada en una piedra concreta, admirando toda su ocupación del espacio, conseguimos percibir lo inquietante de esa impasibidad piedril. Parece que algo hacen, uno diría que esperan algo ¿El qué? Algo que nos sitúa en perpetuo débito con ellas. Sí, parece ser, y esto ha sido confirmado por los de arriba, que las piedras rezan por nosotros.

3 comentarios:

jordi dijo...

Excel.lent. Són lliures les pedres? o, busquen seguretat? Si es distreuen, es transformen en sorra?
Jordi i Laura

mariona dijo...

Interessant...

No m'havia parat mai a pensar que les pedres i l'aigua podrien estar visquent un amor impossible, Shakespeariano i tal...

Però, llegint el text, m'ha vingut una cosa a la ment... I la pedra pómez??? És com l'esperança perduda de la humanitat, un fet impossible! Una paradoxa, una pedra que flota!!! Potser és una d'aquelles coses que no se sap ben bé per què van ser creades, però que està allà, només per alimentar una mica l'esperança dels somiatruites... jejeje


PS: l'escrit, genial ;)

Anónimo dijo...

Compadre, qué recuerdos!!!
Quant d'anyor!!! (O algo así)

Es que aquello de las piedras nos dejó tocados a todos. Pero bueno, veo que tienes el blog un poco paradete... Ya sé, ya sé, mucha feina y tal. Pero la feina se contrarresta con ca-feina, que es la droga de los que aspiran a ser escritores con obra.
Así que ánimo! Que estoy esperando la próxima estrada inédita.
Un abrazo.