sábado, 4 de octubre de 2008

Recital a l'Albricias (I)

Hoy, cuando hablamos de las Humanidades, ya no sabemos de qué estamos hablando. [...] Sin duda las matemáticas han ido conquistando el terreno de las Humanidades. [...] La frase trabajar en las Humanidades se halla casi en total confusión. Por añadidura ni en Europa Occidental ni en buena parte de los Estados Unidos existen perspectivas de empleo para los egresados de las facultades de literatura, filosofía o artes. Simplemente no hay evidencia de que algunas de estas áreas, tal como las conocemos, vayan a sobrevivir.


En 1939 se publica en México Muerte sin fin, de José Gorostiza (nacido en 1901 y muerto en 1973). Se trata de un poema largo ante el cual los críticos se han dividido en dos posturas: los que le dan un significado único, de carácter filosófico, y los que creen que el poema ofrece una multiplicidad de significados. El poema de Gorostiza se ha visto como un catalizador del malestar en la Europa de entreguerras, a través del cual ilumina algo de las estructuras trascendentes del hombre y del mundo. Es un momento crucial de la autoconciencia del hombre y del replanteamiento de su relación con el mundo. Un momento en el que los grandes ideales de progreso, razón y libertad de la Ilustración ya han caído en la teoría y en la práctica.

Por ejemplo, al descubrimiento de la química de la conciencia Francis Crick le llama el Santo Grial de toda ciencia. Crick se atrevería a decirnos que cuando pronunciamos la palabra “yo” es gracias a cierta composición de carbón y azúcar.

Un mexicano escribiendo un extenso y manicurado poema en medio del drama humano del siglo y conviviendo con la agonía de su madre agonizante.

Hombres de enorme inteligencia consideraron que el arte, la literatura, la música, la historia y la filosofía mejorarían la conducta humana. Si amas esas disciplinas, lees los grandes textos, escuchas las grandes composiciones, si aprendes a amar el gran arte serás un ser humano más humano. Hoy sabemos que aquello fue un error. Sabemos que los gritos de los hombres, mujeres y niños que morían de sed dentro de los vagones en la estación de Munich, camino a Dachau, podían escucharse en la sala de conciertos donde Walter Gieseking interpretaba sus famosos recitales de Debussy. Gieseking no dejó de tocar, el público no abandonó la sala.

De acuerdo, aunque la poesía, y por extensión toda producción cultural, no sirva para hacer mejor al hombre – en sentido moral -, sí es una herramienta con la que escudriñarse, buscarse, y lograr ver algo de lo que por ningún otro acto de conocimiento se podría ver: « […] aquello que está más allá», asegura Gorostiza. Nuestro poeta no dudó en otorgar este poder a la poesía al afirmar: «la poesía, para mí, es una investigación de ciertas esencias – el amor, la vida, la muerte, Dios – que se produce en un esfuerzo por quebrantar el lenguaje de tal manera que, haciéndolo más transparente, se pueda ver a través de él dentro de esas esencias.». Esto en el sentido de que mediante el trabajo que la poesía hace sobre el lenguaje, el hombre puede situarse en el mundo, ejerciendo su posibilidad de existir siendo lo que es. (A públic i professor) ¿Cómo? En el acto del poeta de nombrar las cosas en lo que ellas son.

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